domingo, 26 de junio de 2011

Correo personal (2da)

Afuera el viento sopla con fuerza moviendo las ramas de los árboles contra mi ventana. Escucho las gotas caer en el techo y de repente todo se iluminó, como un flash de fotografía, un rayo se dibujó en el cielo.
Es de madrugada. Las cuatro y veinte según el reloj de mi celular. No puedo dormir. En mi cabeza dan vueltas millones de ideas, palabras y sensaciones. Cansado de dar vueltas en la cama y como si pudiera ésto cambiar algo, me puse a escribir en una hoja de la carpeta de historia.
Que patético, justo de historia, puedo perfectamente hablar de mi pasado. Contar como fue, quienes estuvieron a mi lado, los buenos y malos momentos. También de mi presente puedo escribir.
Hace una semana volví de Bariloche, de un viaje de egresados donde lo pasé genial. Conocí a muchas chicas, ninguna especial. Hice nuevos amigos y sobre todo aprendí a convivir con mis compañeros.
El único y gran problema de mi vida hoy, el cual yo pensaba insignificante y ahora me doy cuenta de lo estúpido que fui, es sobre mi futuro. Sólo faltan unas semanas para terminar mi último año de la secundaria y no tengo la más mínima idea de que voy a hacer después.
Todo el mundo me dice que soy joven, que ya voy a descubrir mi vocación. A mí no me importa, lo quiero saber ya. De una cosa estoy seguro, no quiero ser ni médico ni abogado. Odio la sangre y soy pésimo mintiendo.
Algo que me interesa es el cine. Hay algo mágico en él. No sé qué es lo que me gustaría hacer de cine, si dirigir o escribir guiones, estar en la parte de producción o de montaje. Por ahí creo que va a estar mi decisión.
Tengo muy claro lo que me gusta y lo que no. Pero igual siento ese vacío adentro. Además cada vez es más recurrente ese espantoso sueño.
Encima de todo cada vez me cuesta más dormir y cuando lo logro me despierto sobresaltado por un estúpido sueño que tengo desde hace meses. No logro recordar que es lo que me asusta, solo veo tres puertas. Son raras, de formas extrañas y de colores. Veo gente que entra y sale. Yo sé que intento abrir las puertas. Ahí me despierto y no sé que hay detrás, no logro recordarlo.
En el sueño estoy volando, sin alas, sobre el océano inmenso y de un azul intenso. De repente dejo de flotar y comienzo un descenso en caída libre. Todo es tan absurdo. Caigo en el pasto de un enorme jardín que de tan mullido parece un colchón.  Alrededor hay  flores de todos los colores y tamaños. Hay gente por todos lados. Se ven felices.
No me explico realmente el porqué de este sueño, mejor dicho pesadilla. Y lo que más bronca me da es que nunca llego a descubrir que hay detrás de esas horribles puertas. En realidad creo que sí lo veo, pero no logro recordarlo.
Mi cabeza no para ni un minuto. Quiero poner mi mente en blanco y no lo logro. Seguro que el sueño tiene que ver con la incertidumbre que tengo en mi interior. Con la sensación de que caigo al vacio.
Me persigo con esto solo. Sé que en mi casa van a apoyarme en la decisión que tome. Salvo que les diga que quiero se mimo o payaso, no por menospreciar el oficio, pero me pegarían una patada directo al circo sin escalas. Eso es seguro.
No puedo creer como puede llover tanto, la calle está completamente inundada. Hace frío también. Mis dedos se congelaron de escribir. El viento que azotaba las ramas ya se calmó. En la vereda las hojas forman un colchón.
Esta técnica de escribir lo que te pasa, y se supone después romper en mil pedazos, me la enseño la profesora le lengua. En ese momento pensé que vieja loca.  Hoy estoy escribiendo a las cuatro de la mañana y creo que el loco soy yo.
En unas horas tengo examen de Matemática, no quiero tener un cero a la izquierda de mi hoja a sí que me voy a dormir. O por lo menos a intentarlo. Un bajón salir con lluvia. Si es que voy. Seguro voy.
Tengo que aprender a controlarme. Necesito poner en orden mis ideas y deseos. Ya sé con quién puedo hablar, él me va a orientar. Siempre fue importante en mi vida estudiantil. Después de una charla con un café…o una cerveza voy a saber qué hacer. Por algo hay que arrancar. Probar. No pierdo nada con intentarlo.