martes, 15 de noviembre de 2011

Ensayo

Aguas Profundas




“La vida es como un viaje por la mar:
hay días de calma y días de borrasca; lo importante es ser
un buen capitán de nuestro barco”.
                                                                                                                       Jacinto Benavente



Hace unos días pude volver a ver el mar. Llegué al fin después de más de un año de no sentir sus caricias. No pude resistirme y dejé que me llevara. Hacía frío afuera, pero su agua era tibia.
Hay algo que cuando estoy en su presencia no puedo evitar y es sentirme tan pequeña frente a su inmensidad. Sin embargo me siento parte de él. Frente a esa maravilla de la naturaleza que me invita a viajar y a pensar, volvió a mi cabeza una idea.

Lo dejé y me senté allí sola  a contemplarlo. La soledad recuerda, corrige los defectos, piensa en futuros mejores, en ella florecen nuestros pensamientos y podemos concentrarnos más profundamente.

Esa idea recurrente tiene que ver con el futuro. Me pregunto cómo será y de qué manera me sucederán las cosas.

Muchas personas, y también yo, tenemos la necesidad de trazar un mapa. Así armamos nuestro recorrido sobre la tierra; planeamos un itinerario de acontecimientos que queremos que nos sucedan. Nos ponemos objetivos, queremos sacar ventaja del tiempo. No nos damos cuenta que es él quien manda. El tiempo no para, se escurre entre nuestros dedos sin que siquiera nos demos cuenta.

Dentro de ese trazo imaginario que nos imponemos para crear un futuro, hay un elemento muy importante que es nuestro pasado. No podemos negarlo. Las personas somos pasado, presente y futuro. Esos elementos constituyen la vida y nos marcan.

Cada uno de nosotros, algunos más que otros, tendemos a querer guardar el pasado, ya sean recuerdos de viaje, vivencias o palabras, como si fueran tesoros. Pretendiendo de esta manera conservar ese algo preciado para nuestro futuro, necesitamos algo del pasado para no sentirnos tan temerosos por lo que vendrá.

Yo de chica guardaba agua de mar en pequeños frascos de vidrio, quería tener siempre a mi lado esa inmensidad. Pensaba que de esa manera me llevaba una parte de ese gran monstruo tan hermoso conmigo. Resulta que ya de regreso en mi casa, el frasquito en mi repisa no tenía sentido. Sólo yo sabía que significaba.

Es tan hermoso tratar de conservar momentos de felicidad, algo tan sencillo como caminar descalza por la orilla del mar mientras las olas te acarician los pies.

Es algo fascinante. Estar parada con los pies en el agua y mirando su inmensidad, crea en mí la sensación de conectarme con mi interior de una manera más profunda, de sentirme parte de ese monstruo.

Un lugar donde disfruto,  solamente estando sentada frente al mar. Mucho mejor si el agua acaricia mis pies. Siento que ese momento es único y que me conecto con mi espíritu y mi imaginación. Es como si saliera de mi cuerpo y me mirara desde arriba.

Lo que me genera su inmensidad es difícil de explicar con palabras. El entrar en él lentamente y pelear con las olas, ganarles y llegar más allá de ellas me hace sentir fuerte. Flotar sin moverme, mientras que el agua me rodea y el sol brilla arriba en el cielo. Es una situación dónde no existe nada más que mis pensamientos y yo. El mar me enseña a defenderme.

Todos esos sentimientos viven en mí desde chica y por eso trataba de conservar esa paz que me generaba el agua del mar en frasquitos para tenerla siempre conmigo.
Vivimos en una sociedad cuya cultura fomenta el guardar objetos. Lo hacemos incluso sin darnos cuenta. Otras veces es intencionado y se torna obsesivo. Hay que poder ponerse límites.

El escritor italiano Italo Calvino, en su obra Colección de Arena, escribió que toda colección es a su vez un diario. Puede ser de viaje pero también de sentimientos, de estados de ánimo y de humores. En este trabajo que consistió en un conjunto de ensayos y meditaciones sobre literatura y sociedad, él dijo: “La fascinación de una colección reside en lo que revela y en lo que oculta del impulso secreto que la ha motivado”.

¿Qué queremos guardar cuando coleccionamos cosas? ¿Y cuando planificamos el futuro?  ¿Por qué vemos la necesidad de marcarnos un camino? ¿Por qué tenemos miedo de dejarnos llevar por la marea? Tratamos siempre de  controlar al tiempo. Nos congela la incertidumbre. Nos atemoriza la oscuridad. El miedo aparece cuando hay peligro, para protegernos. Nos ayuda a preparar defensas. Tenerlo no nos transforma en cobardes, sólo lo seríamos si por su presencia renunciáramos a algo que queremos conseguir porque no nos animamos a luchar. Hay que ser valientes.

Mi imaginación vuela, mi cabeza es invadida por un bombardeo de ideas y deseos. Quiero prometerme a mí misma que los voy a cumplir, pero de hecho no sé si voy a poder concretarlos. En mi propio mapa no sólo están mis aspiraciones, sino que veo reflejadas también la mirada cariñosa pero exigente de mi familia. La responsabilidad es doble.

Todos tenemos objetivos  e intentamos poner en nuestro camino metas para superarnos y crecer. Puede que las alcancemos, pero seguramente nuestro camino se verá atravesado por muchas cosas que jamás pensamos que nos sucederían y que nos modificarán.  La escritora Celia Güichal, en su ensayo Una Metáfora Viva, haciendo referencia al viaje dice: “Se prevé un itinerario, pero en  un verdadero viaje siempre ocurre otra cosa, aunque se cumpla el recorrido previsto. Viajar es adentrarse en territorio desconocido, cruzar una frontera, salir con un mapa y saber que ese mapa no es el territorio (...) volver a mirar, volver a escuchar, tomar distancia, partir, llegar a algún lugar, regresar: regresar para contarlo.”

Es importante aprender a estar en un lugar; a estar sin hacer nada. Sentarse y dejar que el tiempo pase. Olvidándonos de él tendremos tiempo para todo. La esperanza es su amiga y junto con él fabrica ilusiones que casi siempre se cumplen.

En los detalles de ese viaje que es la vida está el secreto. Quien se aventura a salir de lo conocido, atravesar fronteras y descubrir el camino de vuelta es aquel que va a triunfar, a hacer la diferencia.


Proceso de escritura del Ensayo

Cuando comenzamos en lo teóricos a hablar sobre lo que es e implica un ensayo me gustó. Tenía una idea reducida de lo que era, sólo lo relacionaba con el ensayo académico y dejaba de lado muchos de los géneros del ensayo como el literario o el periodístico.

No me fue fácil elegir un tema sobre el cual escribir. Leí el cuadernillo de teóricos sobre Argumentación y después el de Ensayo. Al ser un género tan libre me costaba decidirme porque camino ir.

Pude organizar mi horario laboral y el fin de semana largo del 10 de octubre me fui con mi familia a la playa. Me llevé algunos textos para leer. El tiempo no fue el mejor, pero igualmente pude desconectarme de mi rutina y conectarme con mis pensamientos.

Algo que realmente me gusta muchísimo y disfruto de hacerlo es caminar por la orilla del mar. Siento en ese momento una paz y una libertad difíciles de describir y es en esos momentos dónde mi cabeza funciona a mil por hora. Pensamientos de todo tipo y tamaño se cruzan y me exigen que los organice.

Me senté en la arena y me puse a leer algunos ensayos. Ahí se me ocurrió la primera idea. Esta tenía que ver con que todas las personas tenemos una conexión especial con algún elemento que nos conecta con la naturaleza, nos hace sentir parte de ella. En mi caso es el agua, el mar en este caso.

Me puse a pensar sobre eso.
Ya de vuelta en la vorágine de la ciudad y retomando las clases de taller, nos plantearon la consigna de leer un texto del Cuadernillo “Viaje y Escritura”. Elegí sin conocer demasiado el texto de Italo Calvino titulado “El viandante del mapa”.

De allí saqué algunos elementos que me podían servir para mi escritura y que además tuvieran relación de alguna manera con el viaje. Uno de ellos fue la idea de que la primera necesidad de fijar sobre el papel los lugares va unida al viaje: es el recordatorio de la sucesión de etapas, el trazado del recorrido.

Otro elemento interesante es que todas las personas necesitamos trazar un mapa, organizando nuestra vida. Planificamos el futuro como si dibujáramos un mapa. Esa fue otra cosa que me movilizó para comenzar a pensar y escribir las primeras ideas de mi ensayo.

Comencé mi búsqueda sobre el autor, datos biográficos y de sus obras. Descubrí que el ensayo que yo leí pertenece a un libro llamado  Colección  de Arena. Los escritos reunidos bajo este título ofrecen otra dimensión narrativa de Calvino, que se asoma entre las líneas de estos artículos como un observador que intenta describir y examinar lo que ve, que elige con cuidado objetos capaces de estimular una reflexión y que, con tal fin, se da una vuelta por museos y lugares de exposición parisinos, visita excavaciones arqueológicas en Toscana, jardines zen en Ziioto, monumentos en Palenque y Persépolis.

La mirada de Calvino es una que va más allá del objeto o el hecho observado, de modo que no nos hallamos ante la mera crónica periodística, antes bien,  Calvino transforma el objeto y lo lleva a su propio terreno, convirtiéndolo en literatura, a menudo tanto o más sugerente que sus propios relatos.

El texto del artículo que da título al libro sobre una colección expuesta de frasquitos con diversas muestras de arena recogidas en diversas partes del mundo: «El verdadero diario secreto que hay que descifrar está aquí, entre estas muestras de playas y de desiertos bajo vidrio. [...] De regreso de un viaje añade nuevos frascos a los otros en fila, y de pronto advierte que sin el índigo del mar el brillo de aquella playa de conchilla desmenuzada se ha perdido; que del calor húmedo del uadi no ha quedado nada en la arena recogida; que, lejos de México, la arena mezclada con lava del volcán Paricutín es un polvo negro que parece salido de la boca de la chimenea. Trata de devolver a la memoria las sensaciones de aquella playa, aquel olor de bosque, aquel ardimiento, pero es como sacudir ese poco de arena en el fondo del frasco rotulado. [...] Y sin embargo, el que ha tenido la constancia de llevar adelante durante años esa colección sabía lo que hacía, sabía a dónde quería llegar: tal vez justamente a alejar de su persona el estrépito de las sensaciones deformantes y agresivas, el viento confuso de lo vivido, y a guardar finalmente la sustancia arenosa de todas las cosas, tocar la estructura silícea de la existencia.»

De aquí nació mi tercer elemento posible para escribir. Yo guardaba en frasquitos agua de mar, que después en mi casa en una repisa perdía todo sentido. Ya la inmensidad del mar no me acompañaba.

También utilicé de la Carpeta la zona temática de la Memoria. Explore los trabajos que había hecho y descubrí que el que más me gustaba era la consigna de evocación de la lectura. En ella hablo de los lugares en los que me gusta leer, uno de esos lugares es la playa. Tenía ya los motivos y tenía que armar el tema.

Comencé a escribir e intenté armar un ensayo que convine esos temas que me interesaron en la búsqueda que realicé.
Realicé además un “viaje” por los docs de mis compañeros para leer algunos de los textos que me llamaron la atención en clase cuando tuvimos como consigna tomar nota de sus trabajos.

Mi intención fue la de Convencer, no busco modificar posturas, sino que intento reforzar la idea que expongo frente un auditorio universal y que comparte bases ideológicas conmigo. Mi exposición se basa en afirmar que en general las personas tendemos a querer planificar nuestra vida pero no controlamos ni el tiempo ni el destino que tenemos prefijado.

Recorriendo mi biblioteca encontré en un libro una un frase que me gustó mucho de un hombre que fue  dramaturgo, director, guionista y productor del cine español llamado Jacinto Benavente. Me pareció que tenía que ver con mi ensayo y por eso decidí ponerla en el comienzo.

Realicé la primera entrega del ensayo. En la clase leímos los ensayos de otros compañeros y tuvimos que comentarle que se había logrado y que podría modificarse. Perla fue quien me leyó y comentó que le pareció buena la primer parte y la frase que utilicé para comenzar. Me sugirió que en algunos párrafos se reiteraban ideas y que desviaban la atención del tema sin aportar demasiado.

También recibí los comentarios de Claudia en el documento docs, tenían que ver sobre todo con la limpieza de la superficie del texto. Me señaló algunas cosas para que las formulara nuevamente.

Con estas dos intervenciones en mi texto volví a trabajar en el texto. Revisé los párrafos señalados por Perla y los modifiqué para que no sean reiterativos. Además busqué la manera de introducir al autor cuando los citaba sin que quede como algo fuera de lugar y sin conexión.

También utilicé el blog que Claudia me recomendó, el cual habla íntegramente del mar y de su encanto. Leí los poemas de Pablo Neruda y de Mario Benedetti (dos autores que me gustan mucho) que no conocía y pude de ellos sacar algunas ideas para introducir en mi ensayo.

Además al leer del blog Emociones de otro tiempo la entrada titulada “El testigo silencioso” pude recordar momentos de mi pasado como las vacaciones en familia que pase en ese lugar tan lindo y pacífico como es Monte Hermoso. Allí el mar es una enorme pileta.

Me gustó escribir el ensayo. Me costó decidir  el tema, pero cuando lo hice y empecé no me resultó difícil armarlo.


Bibliografía


·         Italo Calvino. Colección de arena “El viandante del mapa”. Cuadernillo Viaje y  Escritura. Cátedra Reale. 2011 Fecha de consulta 1 de octubre.

·         Celia Güichal. “Una Metáfora Viva”. Cuadernillo Viaje y Escritura. 2011. Cátedra Reale. Fecha de Consulta 5 de octubre.


·         Lecturalia. “Colección de Arena de Italo Calvino”. En Lecturalia. Fecha de consulta: 12 de octubre de 2011. Disponible en: http://www.lecturalia.com/libro/12440/coleccion-de-arena

·         Salvador, Luis. “Colección de Arena de Italo Calvino”. En Lecturas errantes. 24 de noviembre 2010. Fecha de consulta: 12 de octubre 2011. Disponible en: http://lecturaserrantes.blogspot.com/2010/11/coleccion-de-arena-de-italo-calvino.html

·         Biografías y Vidas. “Italo Calvino”. En Biografías y Vidas. Fecha de Consulta: 12 de octubre de 2011. Disponible en: http://www.biografiasyvidas.com/biografia/c/calvino_italo.htm