domingo, 28 de agosto de 2011

Proceso de Escritura Final del Proyecto Narrativo

I
Proyectar implica definir estrategias, tomar decisiones y diseñar un plan, trazar una hoja de ruta que oriente el trabajo a lo largo de todo el proceso de producción del texto. La consigna fue escribir un relato que tome cómo punto de partida la temática del viaje.
No fue una consigna fácil. Estaba convencida de qué quería escribir ficción. Me gusta mucho leer novelas y quería aventurarme a tratar de escribir una buena historia. Pero en  toda tarea de escritura intervienen dos factores, uno externo al sujeto: el contexto de trabajo; otro interno: la memoria de largo plazo. Se vinculan por una serie de procesos que interactúan entre sí, pero no de manera lineal. Ahí se complica.
Tenía ideas que al principio parecían geniales y que después se diluían en el papel. Escribía, para luego releer y terminar borrando la mayor parte.
Leí del derecho y del revés el cuadernillo de consignas. Había cosas que me incentivaban, pero no lo suficiente. No soy fácil. También  compré un libro de cuentos de Chéjov que no logré terminar de leer. Tomé prestado de la biblioteca de mi tía un libro de Hemingway que sí leí.
Todavía obsesionada con escribir ficción, dejé que se colara en mis pensamientos la idea de escribir una especie de diario de viaje o una crónica. El tema surgió de un gusto personal. Siempre, desde chica, la Plaza de Mayo fue un lugar que me llamó mucho la atención.
Este año comencé a trabajar muy cerca de allí. Cuando comencé la facultad, había tres días que salía a la una y recién a las cuatro entraba a trabajar. Se volvió una rutina ir caminando desde la sede de Constitución por la 9 de julio hasta Av. De Mayo y finalmente hasta la plaza.
Cómo el clima me acompañaba me sentaba al sol a leer material de la facultad y a observar lo que pasaba en ese lugar que tanto captaba mi atención.
Sin propósito alguno en cada visita tomé notas de lo qué veía, sentía y pensaba. Hoy esas notas me sirvieron  mucho para hacer este trabajo.
Tenía miedo de escribir una crónica ya que el trabajo donde lo había tenido que hacer anteriormente, relacionado con los Espacios Culturales, no me había entusiasmado mucho. Llegué a la conclusión que el problema fue la elección del lugar en aquella oportunidad.
Al proponerme escribir sobre Plaza de Mayo miles de cosas vinieron a mi mente cómo un torbellino. Por supuesto que no todas eran cosas coherentes y que tuve qué decidir qué cosas quería mencionar y qué no.
Finalmente descubrí mi contexto de trabajo. Tenía que trabajar para definir mis objetivos frente al tema que iba abordar, cómo y qué iba a decir. Además debía elegir cuál sería el destinatario del texto.
Seguí las sugerencias de Claudia y Emilia y me puse  a leer las Crónicas de El Interior de Martín Caparrós. Me gusta mucho como escribe. Es irónico, directo. Habla con autoridad de quién conoce y sabe de lo que habla. Me incentivó a investigar, buscar información sobre la plaza y sobre los hechos que la tuvieron como escenario.
También me dio curiosidad y realicé una pequeña revisión de otras obras de Caparrós y sobre su vida.  Martín Caparrós nació en la Ciudad de Buenos Aires en 1957. Estudió en el Colegio Nacional de Buenos Aires y comenzó su carrera periodística en el diario Noticias en 1973 en la sección policial que estaba a cargo de Rodolfo Walsh[1]. A partir de ese año colaboró con la revista Goles hasta 1976, año en que se fue exiliado a Europa, primero a Francia y después a España, a raíz del golpe de Estado que dio comienzo a la dictadura militar autodenominada Proceso de Reorganización Nacional.
Caparrós estudió Licenciatura en Historia en París y más tarde se instaló en Madrid, donde vivió hasta 1983. Allí comenzó a escribir su primera novela, se dedicó a hacer traducciones, colaboró con el diario El País y con algunos medios franceses.
Después de regresar a Buenos Aires, trabajó en la sección cultural del diario Tiempo Argentino y en 1984 comenzó a colaborar en la Radio Belgrano, donde fue conductor, junto con Jorge Dorio, del exitoso Sueños de una noche de Belgrano. De vuelta en España, fue corresponsal de esa radio durante 1985 y 1986.
En 1987 retorna definitivamente a Argentina como editor de la revista El Porteño. Ese mismo año participa de la creación de Página/12 junto a Jorge Lanata, su primer director periodístico, y al siguiente trabaja en el programa televisivo El monitor argentino y toma parte en la fundación de la revista Babel.
A partir de 1991, Caparrós comienza a publicar sus relatos de viajes por el mundo en la revista mensual Página/30, de la que sería jefe de Redacción, bajo el título Crónicas de fin de siglo, que fueron distinguidas con el prestigioso Premio de Periodismo Rey de España.
Repasar la vida de un escritor puede ser muy interesante. Descubrí así otras obras como por ejemplo Dios Mío. Un viaje por la India en busca de Sai Baba. En éste trabajo describe su viaje a India y su empeño por conseguir una entrevista con Sri Satya Sai Baba. Su detallada y minuciosa descripción de las escenas te hace sentir parte del relato, estar ahí en ese momento.
Me gusta la manera que tiene de escribir pero al leer más material de él descubrí qué tenemos ideas muy diferentes. Eso me sucedió leyendo fragmentos de su libro Argentinismos de carácter más ensayístico. Allí una de las cosas que hace es relatar cómo con un amigo comienzan a discutir sobre el conflicto del campo del 2008; el amigo del lado del gobierno y él no, cuenta qué no volvieron a verse más desde ese día.
El formato de éste libro es simple: explora las palabras que, estos últimos años, ocuparon buena parte de la escena, para pensar qué dicen esas palabras que se  fueron haciendo cotidianas con un sentido que no es el que solía. Son palabras que se han vuelto argentinismos: progresismo, modelo, la gente, política, campo, democracia, derecho sumanos, peronismo, relato, militancia, kirchnerismo, futuro, Él, trucho, setentismo. Quiso tratar de saber qué decimos cuando decimos lo que decimos. Indagar en esos sentidos nuevos (intentar armar con ellos un panorama de la Argentina actual) es la trama que sostiene en las páginas. Donde  dice que el peronismo actual —el llamado kirchnerismo— ocupa mucho espacio por las razones obvias: es lo más decisivo que pasó en la Argentina en los últimos años.
Buscando información encontré fotos de Caparrós. No lo conocía. Su aspecto me hizo pensar qué él construye un personaje. Tiene unos bigotes muy extraños y llamativos. No pasa desapercibido. Estoy segura qué esa es su intención.
Esto me resultó muy gratificante ya que no pensé que lo podría hacer. Me refiero al hecho de investigar, rastrear sucesos. Había escuchado las experiencias de los alumnos con sus proyectos narrativos, dónde dijeron cómo habían investigado antes de escribir y de qué manera se habían entusiasmado. Antes no se me ocurría que yo también podía hacerlo.
Ese proceso está en movimiento. Todavía estoy recorriendo mares para ver si logro llegar a buen puerto.
II
Con las notas que tenía comencé a armar mi acción narrativa. Además investigué algunas cosas que desconocía como por ejemplo cómo surgió la Plaza, de qué manera y cómo fue cambiando con los años.
Leí con más profundidad a Caparrós y trate de extraer de sus textos su forma de decir las cosas. Usar menos palabras y describir más las situaciones. Utilice para ello los diálogos, que generan cierta cercanía y verosimilitud.
Fui eligiendo qué quería mostrar y contar tratando de que haya causalidad. No es algo convencional ni histórico, quise hacer algo más cultural y personal. Mostré los aspectos qué a mí me gustan del lugar y qué disfruto. Igualmente hay cocas que veo que no lo son y no puedo evitar reconocerlas y mencionarlas en mi crónica – diario de viaje.
Mi destinatario es el argentino que conoce aunque sea por el nombre éste particular lugar. Trato de mostrar las cosas que en ella suceden en las escenas más cotidianas.
Al escribir por momentos utilicé el estilo directo, pero otras veces el indirecto y además recurrí al monólogo interior.
Presenté una primera versión en el blog y recibí comentarios de Emilia que me ayudaron a profundizar algunos aspectos tales como su mención de qué mi  primera versión relevaba la existencia de tensiones y que sería  interesante que me hiciera cargo de ellas, las explicitara. En eso, Caparrós te puede ayudar, me escribió. Además me recomendó que relea alguno de los capítulos del libro, prestándole atención a la manera en que él aborda los cruces que se generan en cada espacio en que se detiene. Un elemento que podría tener en cuenta es que él muchas veces no dice las cosas de manera explícita y con sus palabras. Muchas veces, una imagen, un diálogo o la narración de alguna situación que presenció.
Emilia menciona que hay tres párrafos que  condensan muchísimas de las principales tensiones que se generan en torno a la plaza y qué podría buscar otras maneras de contar eso y también de ponerlo un poco en cuestión.
III
Eso fue entonces lo que comencé a hacer. Me enfoqué en esos lugares de tención y comencé a desarmar las ideas. Agregué diálogos a mi relato para generar más cercanía y mostrar de qué manera yo veo ciertas cosas.
Volví a leer a Caparrós y me encantó la frase con la qué termina su crónica de Misiones:
" Yo no investigo, no hurgo, no busco nada oculto: con lo visible alcanza. El problema no es descubrir; el problema está en hacer sentido  con lo que se ve. Entender, que le dicen, o sea: cruzar, relacionar, pensar causas y efectos: arriesgarse. La verdad, si es que existe ese bicho, está en las relaciones. Buscar lo oculto es quedarse en la superficie de las cosas." Es tan cierto lo que dice que impacta.
Trabajé en esos párrafos que me habían sido señalados. Introduje nuevos aspectos y logré cierta satisfacción al ver qué todavía tenía cosas para decir y de una manera qué me gusta mucho. Es cierto qué contar un diálogo y describir una situación (con alguien o con uno mismo) puede mostrar muchas cosas.
Después de pulir algunos detalles de puntuación y acentuación volví a presentar esta nueva versión en el blog. Ya mucho más conforme con mi trabajo y con las sugerencias de Emilia, empecé a trabajar en mi cierre del trabajo.
Revisé el final, qué con razón Emilia sugirió que tenía un tono publicitario/turístico que no tenía mucho que ver con el resto del texto, y traté de darle el toque que le faltaba. Además me explayé sobre la visita qué realicé al Museo del Bicentenario. Antes no le había dado mucha importancia y viví en ese lugar muchas cosas, no sólo porque me gusta la historia, sino porque tuve recuerdos de cuando era chica frente a una imagen que hay allí.
IV
Las clases comenzaron otra vez. Entregué la versión que tenía hasta ese momento. Recibí una devolución de Claudia en el blog que me decía que revisará los tiempos verbales nuevamente. Leí una y otra vez el texto y no veía lo que ella me marcaba.
Recurrí a Claudia y a Emilia personalmente en clase para qué me marcaran los errores porque evidentemente yo sola no supe encontrarlos.
Con ellas comprendí al fin a qué se referían con tiempos verbales y con el uso del presente histórico. Algo tan simple que yo no veía en el texto.
Puse en marcha la revisión final. Transformé mi texto al aplicar el presente histórico, aunque en algunas partes me resultó imposible no utilizar el pasado. Perfeccioné algunas oraciones y reescribí otras.
Disfruté mucho este trabajo. Hasta ahora  nunca  había escrito algo como esto. Me gustó haber podido elegir el tema y la manera de hacerlo, aunque al principio eso me generó pánico. Fue un buen trabajo que una vez qué comenzó me trajo muchas satisfacciones.




[1] Leer a Walsh también me ayudó mucho. Tiene una presencia su obra. Leí “Operación Masacre” cuya primera edición fue en 1957; y después aunque no era crónica me atrapo “La Aventura de las pruebas de Imprenta” de Variaciones en Rojo de 1953 y “Esa Mujer” en Los oficios terrestres de 1965. Ricardo Piglia en Textos de y sobre Rodolfo Walsh dijo: El relato policial, el panfleto, el ensayo, la historia, la denuncia, el testimonio policial, la autobiografía, el periodismo, la ficción: todos estos registros se unen sostenidos por una escritura que sabe modular los ritmos y matices de la lengua nacional. Walsh era capaz de escribir en todos los estilos y su prosa es uno de los grandes momentos de la literatura argentina contemporánea.



Miradas

Caminando sin prisa, deteniéndome en las casas de venta de libros usados donde siempre encuentro algo para comprar, en las calles se pueden apreciar los detalles de un día cualquiera en la tumultuosa ciudad. Desde lejos ya puedo observarla. Es imposible que pase desapercibida. Es el centro de atención. La rodean los edificios más importantes y muchos de ellos antiquísimos. Su forma podría decirse que es rectangular, pero con sus calles menores en forma de semicírculo.
Estoy hablando de una plaza, pero no de cualquiera, sino de una que fue testigo e incluso protagonista de los acontecimientos trascendentales a nivel nacional.
Ésta es la Plaza de Mayo, sitio fundamental de la Ciudad de Buenos Aires. Nació de la unión de las Plazas de la Victoria y del Fuerte al demoler, en  1884, una construcción llamada Recova Vieja que las separaba.
Lugar de festejos y alegría pero también de reclamos y dolor. Es un signo de nuestra Nación y nos representa. Allí late el espíritu de millones de argentinos. En su momento los criollos pedían Cabildo Abierto. Los descamisados pedían a Eva como Vice, y luego lloraron su muerte. Se repudió el gobierno militar de Videla. Se iluminó cuando volvió la Democracia en el 83. Se llenó de odio bajo la consigna “Que se vayan todos”. Miles de Argentinos festejaron el Bicentenario. Todo eso sucedió en el mismo lugar.
Salvo los festejos del Bicentenario por razones obvias, todos los demás acontecimientos los estudié en casi todos los años de la escuela. Escuché tantas versiones sobre un mismo hecho como estrellas hay en el cielo. Y sí, la historia la escriben los vencedores. De los otros nadie se acuerda o eso nos quiere enseñar  la escuela. Está en nosotros que versión tomar como verídica ya que no vivimos esos momentos. Siempre que alguien cuenta una historia, hay otra que se está omitiendo.
Brilla en sol. El reloj de la Casa de Gobierno marca las dos de la tarde. La plaza es lugar de descanso y  conexión con la naturaleza. Hombres y mujeres recostados en el pasto bajo el sol se toman un respiro de su rutina de trabajo y respiran el aire cálido. Algunos leen, otros sólo se recuestan y miran el cielo. Muchos almuerzan.
Veo un hombre de traje con  una mochila que camina hacia uno de los árboles que adornan la plaza. Saca una lona y la coloca en el pasto. Se recuesta y toma de entre sus pertenencias un libro. Paso caminando cerca de él para tratar de ver qué lee. Lo logro. “Cien años de soledad” de García Márquez.
El clima de violencia en el que se desarrollan sus personajes es el que marca la soledad que los caracteriza, provocada más por las condiciones de vida que por las angustias existenciales del individuo. Acá otra vez veo la historia pasar ante mis ojos. Cómo cada uno de nosotros es responsable de lo que nos pasa.
Muy entretenido el joven, lo llamo así porque tiene unos treinta y cinco años, almuerza acompañado de un libro. En este momento está desconectado de la realidad. O eso es lo que él piensa.
Es un desfile constante de gente que va y viene. En su mayoría con prisa y sin contemplar la belleza del lugar; otros pasean y se retratan.  Es un punto fijo de cualquier tour turístico. Miles de viajeros por día recorren la plaza y equipados con cámaras de última generación toman fotos de nuestros monumentos, de la Casa Rosada, el Cabildo y la Catedral que pasan a formar parte de su álbum  de viaje.
Una pareja francesa se me acerca y me pide que les saque una foto. Ella habla un poco español. El joven me explica cómo se usa la cámara. Yo sé cómo usarla, igualmente dejo qué me muestre.
Se arreglan para posar para la fotografía. Siento curiosidad y cruzo con ellos unas palabras.
_ ¿Están de vacaciones?- Sonríen sorprendidos al escuchar de mi boca su lengua materna.
_ Si.  Llegamos hace dos días. Acá (en Capital)  nos quedamos unos días más. Después vamos al sur – Comentan muy orgullosos.
_ Es muy lindo todo el sur, pero ¿a qué parte van? – Pregunté imaginándome la respuesta.
_ Vamos a El Calafate – responde él en un español atravesado – También planeamos ir a Ushuaia – aclara ella.
_ ¡Qué bueno! Es muy lindo. Sólo les quedará para la próxima conocer el Norte y  la Cataratas.
_ Ya lo visitamos en nuestro primer viaje. Tienes suerte de vivir en este país tan hermoso – comentan maravillados.
_ Si, es realmente hermoso.
Se despiden y continúan caminando sin un rumbo definido. Imagino que hacia el hotel donde se hospedaban.
Qué hermoso es este país. Me encantaría conocerlo y recorrerlo de punta a punta por la ruta 40. Es una lástima que la mayoría de los argentinos no lleguen a conocer esos extraordinarios lugares por los que somos conocidos en el mundo entero. Me indigna que sea más económico ir al sur de Brasil que al propio Sur Argentino.
Es culpa nuestra en parte. Tenemos fascinación por conocer Europa, viajar a New York y conocer Nueva Zelanda. No comprendemos que todos los paisajes los tenemos en nuestro territorio. Somos privilegiados y también muy necios.
Hay tantas cosas para hacer, para cambiar y parece todo tan lejano. No hay que perder la fe. Recuerdo a quienes desde esta plaza lucharon por un país mejor y creo que la Argentina depende de nosotros y de cómo vivamos nuestra vida en la sociedad. Todos tenemos un rol, con derechos pero también con obligaciones.
Me siento en un banco. Diviso a lo lejos un grupo de niños de un Jardín de Infantes. Tomados de la mano y guiados por algunas maestras recorren el lugar. Pasan muy cerca de mí y puedo oír lo que dicen.
La señorita les preguntaba a los chicos si se acordaban la imagen qué ella les había mostrado la semana anterior. Sólo algunos dijeron que sí.
_ ¿Qué había en la foto? Eran cuatro… ¿se acuerdan?
_ Sí – respondieron fuerte cinco o seis niños – ¡¡Son fuentes!!
_ ¿Y lo qué ven adelante? ¿Qué está en el centro de la plaza?
_ ¡El obelisco! - respondió muy contento uno de los alumnos mientras  señalaba – ¡si es ése!
Eso no quedó muy claro para el chico. La maestra le explica que es la Pirámide de Mayo y continúan su camino alejándose cada vez más del lugar donde me encuentro sentada.
Parado en la base y apoyado sobre el mástil donde flamea en lo alto la bandera de Argentina, un abuelo y sus nietos le dan de comer a las palomas. Éstas últimas, que entorpecen el paso a los caminantes, constituyen un elemento depredador de la plaza. Bicho más asqueroso no hay. Ese sonido que emiten me provoca un rechazo total.
Inmersa en mis pensamientos soy interrumpida por un artesano. Un joven que vende artesanías hechas con alambre. Me convence de que una pequeña flor es perfecta como separador. Él me lo sugiere, luego de disculparse  ya que cortó mi lectura. Mientras se aleja trato de pensar cuál es  su historia.
Las campanas de la Catedral me devuelven a la realidad. Ya son las tres. Algo cansada de mi posición y con frío por la ocurrencia del sol de esconderse me preparo para partir. Cómo todavía es temprano para comenzar  mi rutina de trabajo camino en dirección a la Rosada, detrás está el recientemente inaugurado Museo del Bicentenario.
Una vez adentro comienzo a recorrerlo. Muy luminoso y amplio. Algo frío. Tengo la sensación de estar leyendo un libro de historia Argentina. Rodeada de muebles antiguos, obras de arte de grandes artistas nacionales y varios granaderos contemplo en un abrir y  cerrar de ojos 200 años de  historia.
El lugar tiene un estilo propio. Reina la pulcritud y la luz. La tecnología juega un papel importante en el lugar ya que a través de unas pantallas interactivas el visitante puede elegir y escuchar los relatos de distintos pasajes de la historia del país.
No puedo evitarlo. Me detengo frente al enorme cuadro de Eva y Perón. Mi abuelo tenía la misma imagen en su habitación. Muy común de la época. Él me enseñó que siempre tenía que decir que era de Boca y Peronista.  Yo lo decía, tenía dos años.
Al pasar por un pasillo escucho la conversación de dos señoras con dos jóvenes. Ellas argentinas, ellos extranjeros y por su acento imagino que son colombianos. En un tono de voz entre alegre y orgulloso las mujeres agradecen el comentario de los jóvenes sobre el país, nuestra cultura y la manera en qué la sociedad participa en la  historia.
Somos reconocidos en el mundo por tantas cosas. Muchas buenas y otras que mejor me gustaría olvidar, no sólo a mí sino a mucha gente. Dependiendo de quién es el emisor y de cómo es la enunciación el mensaje llega a las personas de manera diferente. Aunque cada sujeto elige qué es lo que realmente se quiere decir.
Maravillada por algo que siempre me gustó y con ganas de aprender más tengo que dejar el lugar porque el tiempo es tirano y cuándo uno más disfruta parece que más deprisa pasa.
Al salir camino hacia la plaza y me sumerjo en ese mar de gente que va y viene por ella. No lo tuve en cuenta antes, sólo lo comprendí al cruzar las vallas que dividen la plaza en dos, hoy es jueves. Una camioneta blanca sobre la plaza, gente amontonada y pañuelos blancos lo confirma.
Si algo o alguien es un símbolo de este lugar son las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo que hoy, después de veinticinco años desde que lo hicieron por primera vez, llegan todos los jueves por la tarde y rodean la Pirámide de Mayo. Tradición que comenzó porque durante el gobierno militar no podían reunirse más de dos personas en un lugar. Les dijeron que circulen, ellas lo hicieron. Siempre caminando alrededor de la pirámide. Hoy por el pasar de los años se sientan rodeándola.
Muchas veces pienso cómo hubiera sido vivir esa época. No puedo imaginarlo. El coraje de esas mujeres que se enfrentaron a los hombres más perversos e inhumanos  y que luchaban por recuperar a sus hijos y hoy lo hacen por sus nietos me conmueve. Sólo algo de todo esto no me gusta y es la pelea política.
Un ruido me distrae de mis pensamientos. Amarillo intenso es el Bus Turístico que recorre todos los días cada rincón de la Plaza. Lo veo pasar  y el semáforo cambia de color. Los peatones somos tan irresponsables. Cruzo y de a poco me alejo de ese lugar donde hoy reina la paz. Pocas veces sucede esto. Día por medio, y a veces más, ciudadanos reclaman sus derechos, protestan por alguna medida o festejan otras.
Al salir de trabajar ya el sol se ocultó. Las luces iluminan cada lugar de la plaza. Los canteros de flores parecen más coloridos. El agua de la fuente más danzante. El toque final es la luz que transforma a la Casa Rosada en más rosada.
Pero como todo no es color de rosa y las cosas no son tan perfectas cómo a veces nos quieren mostrar. Al aparecer la luna también lo hacen las personas que no tienen un hogar donde dormir y alimentarse y que toman cómo propio este lugar.
Tan distinto es el paisaje dependiendo del momento en que uno mire hacia la plaza. Tantas cosas para hacer y para mejorar. Se hacen cosas pero todavía faltan. Se necesita fuerza para seguir, para luchar y lograr que el sueño de la igualdad no quede sólo en eso y se transforme en una realidad.



miércoles, 10 de agosto de 2011

Proyecto Narrativo boceto 3

Miradas
Caminando sin prisa, deteniéndome en las casas de venta de libros usados dónde siempre encuentro algo para comprar, en las calles se pueden apreciar los detalles de un día cualquiera en la tumultuosa ciudad. Desde lejos ya se puede observarla. Es imposible que pase desapercibida. Es el centro de atención. La rodean los edificios más importantes y muchos de ellos antiquísimos. Su forma podría decirse que es rectangular, pero con sus calles menores en forma de semicírculo.
Estoy hablando de una plaza, pero no de cualquiera, sino de una que fue testigo e incluso protagonista, de los acontecimientos trascendentales a nivel nacional.
Ésta es la Plaza de Mayo, sitio fundamental de la Ciudad de Buenos Aires. Nació de la unión de las Plazas de la Victoria y del Fuerte al demoler, en  1884, una construcción llamada Recova Vieja que las separaba.
Lugar de festejos y alegría pero también de reclamos y dolor. Es un signo de nuestra Nación y nos representa. Allí late el espíritu de millones de argentinos. En su momento los criollos pedían Cabildo Abierto. Los descamisados pedían a Eva como Vice, y luego lloraron su muerte. Se repudió el gobierno militar de Videla. Se iluminó cuando volvió la Democracia en el 83. Se llenó de odio bajo la consigna “Qué se vayan todos”. Miles de Argentinos festejaron el Bicentenario. Todo eso sucedió en el mismo lugar.
Salvo los festejos del Bicentenario por razones obvias, todos los demás acontecimientos los estudié en casi todos los años de la escuela. Escuché tantas versiones sobre un mismo hecho como estrellas hay en el cielo. Y sí, la historia la escriben los vencedores. De los otros nadie se acuerda o eso nos quiere enseñar  la escuela. Está en nosotros que versión tomar cómo verídica ya que no vivimos esos momentos. Siempre que alguien cuenta una historia, hay otra que se está omitiendo.
Brilla en sol. El reloj de la Casa de Gobierno marca las dos de la tarde. La plaza es lugar de descanso y  conexión con la naturaleza. Hombre y mujeres recostados en el pasto bajo el sol se toman un respiro de su rutina de trabajo y respiran el aire cálido. Algunos leen, otros sólo se recuestan y miran el cielo. Muchos almuerzan.
Veo un hombre de traje con  una mochila que camina hacia uno de los árboles que adornan la plaza. Saca una lona y la coloca en el pasto. Se recuesta y toma de entre sus pertenencias un libro. Paso caminando cerca de él para tratar de ver qué lee. Lo logro. “Cien años de soledad” de García Márquez.
El clima de violencia en el que se desarrollan sus personajes es el que marca la soledad que los caracteriza, provocada más por las condiciones de vida que por las angustias existenciales del individuo. Acá otra vez veo la historia pasar ante mis ojos. Cómo cada uno de nosotros es responsable de lo que nos pasa.
Muy entretenido el joven, lo llamo así porque tendría unos treinta y cinco años, almuerza acompañado de un libro. En ese momento está desconectado de la realidad. O eso es lo que él piensa.
Es un desfile constante de gente que va y viene. En su mayoría con prisa y sin contemplar la belleza del lugar; otros pasean y se retratan.  Es un punto fijo de cualquier tour turístico. Miles de viajeros por día recorren la plaza y equipados con cámaras de última generación toman fotos de nuestros monumentos, de la Casa Rosada, el Cabildo y la Catedral que pasan a formar parte de su álbum  de viaje.
Una pareja francesa se me acerca y me pide que les saque una foto. Ella hablaba un poco español. Me explica el joven cómo se utiliza la cámara. Sabía yo cómo usarla, igualmente dejé qué me mostrara.
Se arreglan para posar para la fotografía. Siento curiosidad y cruzo con ellos unas palabras.
_¿Están de vacaciones?- Sonríen sorprendidos al escuchar de mi boca su lengua materna.
_ Si.  Llegamos hace dos días. Acá (en Capital)  nos quedamos unos días más. Después vamos al sur – Comentan muy orgullosos.
_ Es muy lindo todo el sur, pero ¿a qué parte van? – Pregunté imaginándome la respuesta.
_ Vamos a El Calafate – responde él en un español atravesado – También planeamos ir a Ushuaia – aclara ella.
_¡Qué bueno! Es muy lindo. Sólo les quedará para la próxima conocer el Norte y  la Cataratas.
_ Ya lo visitamos en nuestro primer viaje. Tienes suerte de vivir en este país tan hermoso – comentan maravillados.
_ Si, es realmente hermoso.
Se despiden y continúan caminando sin un rumbo definido. Imagino que hacia el hotel donde se hospedaban.
Qué hermoso es este país. Me encantaría conocerlo y recorrerlo de punta a punta por la ruta 40. Es una lástima que la mayoría de los argentinos no lleguen a conocer esos extraordinarios lugares por los que somos conocidos en el mundo entero. Me indigna que sea más económico ir al sur de Brasil que al propio Sur Argentino.
Es culpa nuestra en parte. Tenemos fascinación por conocer Europa, viajar a New York y conocer Nueva Zelanda. No comprendemos que todos los paisajes los tenemos en nuestro territorio. Somos privilegiados y también muy necios.
Hay tantas cosas para hacer, para cambiar y parece todo tan lejano. No hay que perder la fe. Recuerdo a quienes desde esta plaza lucharon por un país mejor y creo que la Argentina depende de nosotros y de cómo vivamos nuestra vida en la sociedad. Todos tenemos un rol, con derechos pero también con obligaciones.
Me siento en un banco. Diviso a lo lejos un grupo de niños de un Jardín de Infantes. Tomados de la mano y guiados por algunas maestras recorren el lugar. Pasan muy cerca de mí y pude oír lo que decían.
La señorita les preguntaba a los chicos si se acordaban la imagen qué ella les había mostrado la semana anterior. Sólo algunos dijeron que sí.
_ ¿Qué había en la foto? Eran cuatro…¿se acuerdan?
_ Sí – respondieron fuerte cinco o seis niños – Son fuentes!!
_ ¿Y lo qué ven adelante, qué está en el centro de la plaza?
_ El obelisco - respondió muy contento uno de los alumnos mientras  señalaba – si es ése.
Eso no quedó muy claro para el chico. La maestra le explicó que era la Pirámide de Mayo y continuaron su camino alejándose cada vez más del lugar donde me encontraba sentada.
Parado en la base y apoyado sobre el mástil donde flamea en lo alto la bandera de Argentina, un abuelo y sus nietos le dan de comer a las palomas. Éstas últimas, que entorpecen el paso a los caminantes, constituyen un elemento depredador de la plaza. Bicho más asqueroso no hay. Ese sonido que emiten me provoca un rechazo total.
Inmersa en mis pensamientos soy interrumpida por un artesano. Un joven que vendía artesanías hechas con alambre. Me convenció de que una pequeña flor sería perfecta como separador. Él me lo sugirió, luego de disculparse  ya que cortó mi lectura. Mientras se aleja trato de pensar cuál será su historia.
Las campanas de la Catedral me devuelven a la realidad. Ya son las tres. Algo cansada de mi posición y con frío por la ocurrencia del sol de esconderse me preparo para partir. Cómo todavía era temprano para comenzar  mi rutina de trabajo caminé en dirección a la Rosada, detrás está el recientemente inaugurado Museo del Bicentenario.
Una vez adentro comencé a recorrerlo. Muy luminoso y amplio. Algo frío. Tuve la sensación de estar leyendo un libro de historia Argentina. Rodeada de muebles antiguos, obras de arte de grandes artistas nacionales y varios granaderos contemplé en un abrir y  cerrar de ojos 200 años de  historia.
El lugar con un estilo propio. Reina la pulcritud y la luz. La tecnología juega un papel importante en el lugar ya que a través de unas pantallas interactivas el visitante puede elegir y escuchar los relatos de distintos pasajes de la historia del país.
Al pasar por un pasillo escuché la conversación de dos señoras con dos jóvenes. Ellas argentinas, ellos extranjeros por su acento imagino qué colombianos. En un tono de voz entre alegre y orgulloso las mujeres agradecían el comentario de los jóvenes sobre el país, su cultura y la manera en qué la sociedad participa en historia.
Somos reconocidos en el mundo por tantas cosas. Muchas buenas y otras qué mejor me gustaría olvidar, no solo a mí sino a mucha gente. Dependiendo de quién es el emisor y de cómo es la enunciación el mensaje llega a las personas de manera diferente. Aunque cada sujeto elige qué es lo que realmente se quiere decir.
Maravillada por algo que siempre me gustó y con ganas de aprender más tuve que dejar el lugar porque el tiempo es tirano y cuándo uno más disfruta parece que más deprisa pasa.
Al salir caminé hacia la plaza y me sumergí en ese mar de gente que va y viene por ella. No lo tuve en cuenta antes, sólo lo comprendí al cruzar las vallas que dividen la plaza en dos, hoy era jueves. Una camioneta blanca sobre la plaza, gente amontonada y pañuelos blancos lo corroboraron.
Si algo o alguien es un símbolo de este lugar son las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo que hoy, después de veinticinco años desde que lo hicieron por primera vez, llegan todos los jueves por la tarde y rodean la Pirámide de Mayo. Tradición que comenzó por que durante el gobierno militar no podían reunirse más de dos personas en un lugar. Les dijeron que circulen, ellas lo hicieron. Siempre caminando alrededor de la pirámide. Hoy por el pasar de los años se sientan rodeándola.
Muchas veces pensé cómo hubiera sido vivir esa época. No puedo imaginarlo. El coraje de esas mujeres que se enfrentaron a los hombres más perversos e inhumanos  y que luchaban por recuperar a sus hijos y hoy lo hacen por sus nietos me conmueve. Sólo algo de todo esto no me gusta y es la pelea política.
Un ruido me distrae de mis pensamientos. Amarillo intenso es el Bus Turístico que recorre todos los días cada rincón de la Plaza. Lo veo pasar  y el semáforo cambia de color. Los peatones somos tan irresponsables. Cruzo y de apoco me alejo de ese lugar donde hoy reina la paz. Pocas veces sucede esto. Día por medio, y a veces más, ciudadanos reclaman sus derechos, protestan por alguna medida o festejan otras.
Al salir de trabajar ya el sol se ocultó. Las luces iluminan cada lugar de la plaza. Los canteros de flores parecen más coloridos. El agua de la fuente más danzante. El toque final es la luz que transforma a la Casa Rosada en más rosada.
Pero cómo todo no es color de rosa y las cosas no son tan perfectas cómo a veces nos quieren mostrar. Al aparecer la luna también lo hacen las personas que no tienen un hogar donde dormir y alimentarse y que toman cómo propio ese lugar.
Tan distinto es el paisaje dependiendo del momento en que uno mire hacia la plaza. Tantas cosas para hacer y para mejorar. Se hacen cosas pero todavía faltan. Se necesita fuerza para seguir, para luchar y lograr que el sueño de la igualdad no quede sólo en eso y se transforme en una realidad.


Proceso de Escritura del Proyecto (2da)

Proyectar implica definir estrategias, tomar decisiones y diseñar un plan, trazar una hoja de ruta que oriente el trabajo a lo largo de todo el proceso de producción del texto. La consigna fue escribir un relato que tome cómo punto de partida la temática del viaje.
No fue una consigna fácil. Estaba convencida de qué quería escribir ficción. Me gusta mucho leer novelas y quería aventurarme a tratar de escribir una buena historia. Pero en  toda tarea de escritura intervienen dos factores, uno externo al sujeto: el contexto de trabajo; otro interno: la memoria de largo plazo. Se vinculan por una serie de procesos que interactúan entre sí, pero no de manera lineal. Ahí se complica.
Tenía ideas que al principio parecían geniales y que después se diluían en el papel. Escribía, para luego releer y terminar borrando la mayor parte.
Leí del derecho y del revés el cuadernillo de consignas. Había cosas que me incentivaban, pero no lo suficiente. No soy fácil. También  compré un libro de cuentos de Chéjov que no logré terminar de leer. Tomé prestado de la biblioteca de mi tía un libro de Hemingway que sí leí.
Todavía obsesionada con escribir ficción, dejé que se colara en mis pensamientos la idea de escribir una especie de diario de viaje o una crónica. El tema surge de un gusto personal. Siempre, desde chica, la Plaza de Mayo fue un lugar que me llamó mucho la atención.
Este año comencé a trabajar muy cerca de allí. Cuando comencé la facultad, había tres días que salía a la una y recién a las cuatro entraba a trabajar. Se volvió una rutina ir caminando desde la sede de Constitución por la 9 de julio hasta Av. De Mayo y finalmente hasta la plaza.
Cómo el clima me acompañaba me sentaba al sol a leer material de la facultad y a observar lo que pasaba en ese lugar que tanto captaba mi atención.
Sin propósito alguno en cada visita tomé notas de lo qué veía, sentía y pensaba. Hoy esas notas me sirvieron de mucho para hacer este trabajo.
Tenía miedo de escribir una crónica ya que el trabajo donde lo había tenido que hacer anteriormente, relacionado con los Espacios Culturales, no me había entusiasmado mucho. Llegué a la conclusión que el problema fue la elección del lugar en aquella oportunidad.
Al proponerme escribir sobre Plaza de Mayo miles de cosas vinieron a mi mente cómo un torbellino. Por supuesto que no todas eran cosas coherentes y que tuve qué decidir qué cosas quería mencionar y qué no.
Finalmente descubrí mi contexto de trabajo. Tenía que trabajar para definir mis objetivos frente al tema que iba abordar, cómo y qué iba a decir. Además debía elegir cuál sería el destinatario del texto.
Seguí las sugerencias de Claudia y Emilia y me puse  a leer las Crónicas de El Interior de Martín Caparrós. Me gusta mucho como escribe. Es irónico, directo. Habla con autoridad de quién conoce y sabe de lo que habla. Me incentivó a investigar, buscar información sobre la plaza y sobre los hechos que la tuvieron como escenario.
Esto me resultó muy gratificante ya que no pensé que lo podría hacer. Había escuchado las experiencias de los alumnos con sus proyectos narrativos, dónde dijeron cómo habían investigado antes de escribir y de qué manera se habían entusiasmado. Antes no se me ocurría qué investigar.
Ese proceso está en movimiento. Todavía estoy recorriendo mares para ver si logro llegar a buen puerto.
II
Con las notas que tenía comencé a armar mi acción narrativa. Además investigué algunas cosas que desconocía como por ejemplo cómo surgió la Plaza, de qué manera y cómo fue cambiando con loa años.
Leí con más profundidad a Caparrós y trate de extraer de sus textos su forma de decir las cosas. Usar menos palabras y describir más las situaciones. Utilice para ello los diálogos, que generan cierta cercanía y verosimilitud.
Fui eligiendo qué quería mostrar, contar tratando de que haya causalidad. No es algo convencional ni histórico, quise hacer algo más cultural y personal. Mostré los aspectos qué a mí me gustan del lugar y qué disfruto. Igualmente hay cocas que veo que no lo son y no puedo evitar reconocerlas y mencionarlas en mi crónica – diario de viaje.
Mi destinatario es el argentino que conoce aunque sea por el nombre éste particular lugar. Trato de mostrar las cosas que en ella suceden en las escenas más cotidianas.
Al escribir por momentos utilicé el estilo directo, pero otras veces el indirecto y además recurrí al monólogo interior.
Presenté una primera versión en el blog y recibí comentarios de Emilia que me ayudaron a profundizar algunos aspectos tales como su mención de qué mi  primera versión relevaba la existencia de tensiones y que sería lo interesante que me hiciera cargo de ellas, las explicitaras. En eso, Caparrós te puede ayudar, me escribió. Además me recomendó que relea alguno de los capítulos del libro, prestándole atención a la manera en que él aborda los cruces que se generan en cada espacio en que se detiene. Un elemento que podría tener en cuenta es que él muchas veces no dice las cosas de manera explícita y con sus palabras. Muchas veces, una imagen, un diálogo o la narración de alguna situación que presenció.
Emilia menciona que hay tres párrafos que  condensan muchísimas de las principales tensiones que se generan en torno a la plaza y qué podría buscar otras maneras de contar esto y también de ponerlo un poco en cuestión.
III
Eso fue entonces lo que comencé a hacer y agregué diálogos a mi relato para generar más cercanía y mostrar de qué manera yo veo ciertas cosas.
Volví a leer a Caparrós y me encantó la frase con la qué termina su crónica de Misiones:
" Yo no investigo, no hurgo, no busco nada oculto: con lo visible alcanza. El problema no es descubrir; el problema está en hacer sentido  con lo que se ve. Entender, que le dicen, o sea: cruzar, relacionar, pensar causas y efectos: arriesgarse. La verdad, si es que existe ese bicho, está en las relaciones. Buscar lo oculto es quedarse en la superficie de las cosas." Es tan cierto lo que dice que impacta.
Trabajé en esos párrafos que me habían sido señalados. Introduje nuevos aspectos y logré cierta satisfacción al ver qué todavía tenía cosas para decir y de una manera qué me gusta mucho. Es cierto qué contar un diálogo y mostrar una situación (con alguien o con uno mismo) puede mostrar muchas cosas.
Después de pulir algunos detalles volví a presentar esta nueva versión en el blog. Ya mucho más conforme con mi trabajo y con las sugerencias de Emilia, empecé a trabajar en mi cierre del trabajo.
Revisé el final, qué con razón Emilia sugirió que tenía un tono publicitario/turístico que no tenía mucho que ver con el resto del texto, y traté de darle el toque que le faltaba. Además me explayé sobre la visita qué realicé al Museo del Bicentenario.
Disfruté mucho este trabajo. Hasta ahora  nunca  había escrito algo como esto. Me gustó haber podido elegir el tema y la manera de hacerlo, aunque al principio eso me generó pánico.
Respecto a la narración puede que haya cosas para pulir todavía pero fue un buen trabajo que una vez qué comenzó me trajo muchas satisfacciones.