No fue una consigna fácil. Estaba convencida de qué quería escribir ficción. Me gusta mucho leer novelas y quería aventurarme a tratar de escribir una buena historia.
Tenía ideas que al principio parecían geniales y que después se diluían en el papel. Escribía, para luego releer y terminar borrando la mayor parte.
Leí del derecho y del revés el cuadernillo de consignas. Había cosas que me incentivaban, pero no lo suficiente. No soy fácil. También compré un libro de cuentos de Chéjov que no logré terminar de leer. Tomé prestado de la biblioteca de mi tía un libro de Hemingway que sí leí.
Todavía obsesionada con escribir ficción, dejé que se colara en mis pensamientos la idea de escribir una especie de diario de viaje o una crónica. El tema surge de un gusto personal. Siempre, desde chica, la Plaza de Mayo fue un lugar que me llamó mucho la atención.
Este año comencé a trabajar muy cerca de allí. Cuando comencé la facultad, había tres días que salía a la una y recién a las cuatro entraba a trabajar. Se volvió una rutina ir caminando desde la sede de Constitución por la 9 de julio hasta Av. De Mayo y finalmente hasta la plaza.
Cómo el clima me acompañaba me sentaba al sol a leer material de la facu y a observar lo que pasaba en ese lugar que tanto captaba mi atención.
Sin propósito alguno en cada visita tomé notas de lo qué veía, sentía y pensaba. Hoy esas notas me sirvieron de mucho para hacer este trabajo.
Tenía miedo de escribir una crónica ya que el trabajo donde lo había tenido que hacer anteriormente, relacionado con los Espacios Culturales, no me había entusiasmado mucho. Llegué a la conclusión que el problema fue la elección del lugar en aquella oportunidad.
Al proponerme escribir sobre Plaza de Mayo miles de cosas vinieron a mi mente cómo un torbellino. Por supuesto que no todas eran cosas coherentes y que tuve qué decidir qué cosas quería mencionar y qué no.
Seguí las sugerencias de Claudia y Emilia y me puse a leer las Crónicas de El Interior de Martín Caparrós. Me gusta mucho como escribe. Es irónico, directo. Habla con autoridad de quién conoce y sabe de lo que habla. Me incentivó a investigar, buscar información sobre la plaza y sobre los hechos que la tuvieron como escenario.
Esto me resultó muy gratificante ya que no pensé que lo podría hacer. Había escuchado las experiencias de los alumnos con sus proyectos narrativos, dónde dijeron cómo habían investigado antes de escribir y de qué manera se habían entusiasmado. Antes no se me ocurría qué investigar.
Ese proceso está en movimiento. Todavía estoy recorriendo mares para ver si logro llegar a buen puerto.
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